
El pritzker ha ido a parar a manos de Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa. Es el premio a la arquitectura delgada, a la arquitectura "Sanaa". Curiosamente, hace muy pocos días se publicaba una entrevista en El Pais a Toyo Ito. Ito declaraba estar de vuelta a una arquitectura más pesada, a una arquitectura más ligada a la tierra. Considera que el recorrido comenzado en su trabajo anterior donde investigaba la sensación de ligereza en la arquitectura era un trabajo más estético que reflexivo (¿?):
"Llegué a la conclusión de que la arquitectura tiene que ser una fuerza permanente. Empleé la ligereza y la transparencia para apelar a los sentidos, para gustar a la gente. Nuestra obligación como arquitectos es contribuir a la felicidad de los hombres. Pero ese objetivo ahora lo persigo con una idea más pesada de la arquitectura."
Ito vuelve de la jungla del "Tarzán contemporáneo" a unos terrenos donde no se reconocen anteriores trabajos tan merecedores de Pritzkers como la mediateca de Sendai.
Kazuyo en cambio toma el relevo de lo que en su día aprendió en el estudio de Ito y continua sin apenas retórica ni discurso, un trabajo radical hacia una arquitectura de "sensaciones delgadas".