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22 septiembre 2007

ENTREVISTA: Ibon Aranberri * BABELIA.ELPAIS

"Me enfrento a lo que me produce rechazo"
F. J. 22/09/2007
FUENTE:
http://www.elpais.com/articulo/arte/enfrento/produce/rechazo/elpepuculbab/20070922elpbabart_1/Tes

Tras su participación este año en la Documenta 12, Ibon Aranberri acaba de presentar una exposición en una galería madrileña y esta semana inaugura una gran muestra en la Kunsthalle de Basilea. El suyo es un arte reflexivo que cuestiona las bases de la representación.

Un áspero monolito de piedra se alza en medio de la nada. Ibon Aranberri (Itziar-Deba, 1969), que realizaba fotos aéreas para su trabajo Política hidráulica, se queda mentalmente con él. En la galería Pepe Cobo yace ahora despiezado y numerado, aparentemente convertido en varias esculturas de familiares formas geométricas. Pero no es la escultura lo que le interesa a este artista, sino lo escultórico. Para ello se basa en el modelo arcaico del monolito y lo ata al extremo abstracto. Principio y fin. Negación y afirmación de la forma.

PREGUNTA. En esta exposición vemos cierta voluntad escultórica frente a la propuesta documentalista de anteriores muestras.

RESPUESTA. Sí, hay una voluntad escultórica y además definitoria de la escultura. Me interesa tanto probar las posibilidades de la forma y del objeto, la materialidad arcaica, así como en otros casos he trabajado con información, con la textualidad de la materia. Me interesa la descomposición siniestra de la idea de la escultura, que parece casi como un cadáver.

P. ¿Por eso titula la muestra Found dead?

R. No es una exaltación, ni siquiera una defensa de la disciplina sino al revés: lo que trato de probar es un capítulo diferenciado. Casi incrédulo ante el propio objeto de representación.

P. Que es ruina.

R. La vida de la ruina aparece no sólo como motivo, sino como ontología de la pieza, que básicamente tiene que ver con la modernidad. Tanto la fotografía como la escultura han sido los dos medios clave que han configurado un propósito experimental amplio. Aquí hay un diálogo con esa idea clásica del aura de la fotografía en blanco y negro. Yo no planteo una relación irónica sino una especie de oportunidad concedida a la escultura. Después de la Documenta me apetecía probar hasta qué punto soy capaz de realizar un ejercicio en unas claves convencionales.

P. Usted toma como posición un distanciamiento algo cínico respecto a la historia del arte.

R. No parto de cero ni me planteo el debate sobre la modernidad. Pertenezco a una generación pos-ochenta. No nos hemos planteado esa batalla a muerte con la etapa anterior. Simplemente la hemos adoptado como herencia. De modo que ese revisionismo que se puede extraer de mi trabajo proviene de una posibilidad educadora más que de una tendencia de actualidad. Por eso planteo un arquetipo pasado de moda, para quizá reconocerme en esas claves invalidadas. No es la escultura sino la dialéctica de la forma.

P. Es posible que con esta muestra lo metan en el saco de los escultores vascos: Oteiza, Chillida...

R. Es un acto consciente. Precisamente me enfrento a aquello que me produce rechazo. Es donde uno se pone a prueba y por eso hay un juego de autoprovocación. Hay cierto peligro de acabar ensimismado, cierto peligro de autofascinación. Me lo planteo como un capítulo en mi trabajo. No es que de pronto me haya convertido en...

P. Escultor vasco.

R. Vaya, no es que me haya pasado a la piedra. Pero sí me interesa, quizá, equiparar un pedrusco a un texto. Algo romanticista. Me atrae el paisaje de la ruina.

P. Una ruina sin historia.

R. Son ruinas que borran toda huella al convertirse en un escenario fantasmagórico que cubre una masa inerte. Que generan a su vez otra historiografía, tanto de la destrucción como de una idea de futuro bastante apocalíptica.

P. Hay una de las piezas que recuerda, en ese contexto, al monolito de 2001 Odisea del espacio ...

R. Trato de diferenciar el lugar de actuación, en este caso, una galería comercial con sus reglas de juego y sus limitaciones. En la segunda sala hay una pieza, un tablero pulido de mármol, que genera una escultura como las de Serra. Es un gesto naif para simbolizar cierta masculinidad totémica. La primera sala alude a la escultura clásica, cargada de su simbología. Es comunicadora. En cambio, la escultura abstracta de la modernidad termina en todo lo contrario. En una forma ensimismada, autosuficiente, autorreferencial, opaca. La abstracción total, el prisma de 2001 en contraposición al arcaísmo del monolito. Lo que tampoco dista mucho de la propia noción de la escultura en su desaparición. A partir de este punto pasa a ser la negación total. No es la escultura. Es lo escultórico.

09 julio 2007

el polvo sobre el cristal - javier mozas. babelia. el pais 07-07-07



El polvo sobre el cristal - JAVIER MOZAS


Dos edificios de vidrio en el centro del ensanche, en el Cuadrado de Oro de Bilbao, descomponen el prisma ideal de la oficina moderna con ondulaciones serigrafiadas o con fractales camaleónicos. Forman parte del complejo de construcciones que en el plazo de cuatro años se convertirá en el motor administrativo de la ciudad.


La transparencia se convirtió, durante la segunda mitad del siglo XX, en el ideal tardomoderno que empujaba a las tinieblas las supersticiones, los mitos, las tiranías y todo lo que de irracional arrastraban las arquitecturas de los estilos. La arquitectura vertical de vidrio y acero del rascacielos de cristal, que se identificó con la oficina corporativa americana, asociaba dos conceptos del mundo físico con dos bondades de la organización social: la transparencia, con el buen funcionamiento democrático, y la verticalidad, con el progreso tecnológico. Desde entonces, y durante cuarenta años, cientos de edificios con trabajadores de cuello blanco se protegían del exterior con muros-cortina producidos industrialmente y montados en serie a partir de la repetición de un módulo.

Pero Marcel Duchamp, Man Ray y Georges Bataille lo llenaron todo de polvo. Como señala Anthony Vidler en Dark Space: "El vidrio, en otro tiempo perfectamente transparente, se muestra ahora en toda su opacidad". La posmodernidad rompió en mil pedazos la caja de cristal moderna y la recompuso más tarde pegando los trocitos con un pegamento que llevaba polvo adherido e imágenes colgando.
Federico Soriano llama "el motivo" al diseño repetido por toda la fachada suave y curvilínea del edificio Plaza Bizkaia. No es un fractal, no es una imagen abstracta, es un objeto cotidiano. Le insisto para conseguir saber si es la reproducción de un encaje o de un bordado, pero no obtengo confirmación. Es el detalle de una fotografía de la portada de un cuaderno que circulaba por su estudio, sin más. La imagen, adherida mediante técnica serigráfica, se transfiere al vidrio por medio de tinta de color blanco.
El edificio Plaza Bizkaia, recientemente puesto en uso, es una tilde, un objetivo parcial conseguido en el proceso de concentración de las sedes administrativas del Gobierno Vasco, que arranca en 1990. Para ello, se funden en un único inmueble varias sociedades públicas, relacionadas con el aprovechamiento energético, la gestión ambiental, la promoción industrial, la gestión de suelo industrial, que hasta entonces estaban dispersas por la ciudad o han sido creadas ex novo como la Agencia Vasca de Turismo.
Proyectado por
Federico Soriano y Asociados está en diálogo permanente con el edificio Alhóndiga Bilbao; un equipamiento controvertido, que ha mantenido viva, durante los últimos veinte años, la polémica municipal sobre el almacén de vinos concebido por Ricardo Bastida en 1909.

Esta zona de Bilbao va a conver
tirse en los próximos cuatro años en el motor administrativo del ensanche. Este Cuadrado de Oro, Urrezko Karratua, formado por los ejes de alameda Recalde y alameda Urquijo, va a contener, en cuatro manzanas, el edificio Plaza Bizkaia, la nueva Sede de Osakidetza (Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco) en Bizkaia, el Centro de Formación de la Cámara de Comercio, 1980-1982, las futuras 120 viviendas de Jean Nouvel y el programa de ocio, cultura y deporte que Philippe Starck está encajando dentro de los cuatro muros que aún quedan del contenedor primitivo de la Alhóndiga.
La nueva Sede de Osakidetza en Bizkaia está todavía en construcción y se terminará a lo largo de este año. Ha sido proyectada por la oficina de
Coll-Barreu Arquitectos. El edificio de Osakidetza es también, como el de Plaza Bizkaia, una operación inmobiliaria de la Administración pensada para reducir gastos y concentrar esfuerzos. El ejecutivo vasco se deshace de las sedes actuales dispersas y toma posiciones en unos nuevos solares con un alto valor de tasación, dando al mismo tiempo la imagen de una Administración renovada y que apuesta por la arquitectura como valor de representación.
Benoît Mandelbrot escribió: "... Las nubes no son esferas, las montañas no son conos, el perímetro de la costa no son círculos y la corteza no es suave...". Los fractales no son suaves, son rugosos y pinchan, como la fachada de vidrio del edificio de Osakidetza, que ha sido diseñada de manera facetada, quebrada, arrugada, para que sus planos inclinados reflejen la multiplicidad de la vida urbana.
Juan Coll ha manifestado que "la sanidad pública es la acción democrática en beneficio de la vida y, por tanto, es movimiento, actividad y vitalismo". El discurso de Coll es entusiasta y fervoroso, el mismo que se enseña en la Escuela de Navarra donde él estudió y de la que sigue siendo profesor. "Es un edificio de aspecto saludable, musculado. Es un edificio democrático, transparente, amable, e informativo". Coll confía todavía en el papel del arquitecto, y así lo demuestra incluyendo el plural de esta palabra en el nombre de su firma. En su fachada de vidrio, la geometría fractal es el ente necesario que da sentido al proyecto, la representación abstracta e ideal del mundo. "La geometría descriptiva es la matemática del arquitecto. Permite que la arquitectura posea toda la libertad, porque proporciona el conocimiento de la topografía y del espacio".
Federico Soriano, en cambio,
rezuma escepticismo y resignación; condiciones del carácter impuestas por la brega diaria y los codazos de la lucha por el encargo que se vive en Madrid, ciudad en la que ha estudiado, vive y trabaja. Soriano tiene asumido su papel y habla del arquitecto como un instrumento, como una pieza pragmática más del engranaje productivo. En el caso del edificio Plaza Bizkaia, el cliente, el Departamento de Hacienda, quería que el arquitecto resolviese básicamente la fachada y la estructura, que son sus puntos fuertes y donde tiene más credibilidad. El usuario final se desconocía y ha sido sólo hace unos meses cuando se ha concretado el nombre y se ha asignado espacio a las sociedades e instituciones que ocupan cada una de las plantas. Soriano y sus asociados, entre los que destaca la labor de Dolores Palacios, no han elegido la pureza abstracta de la geometría para componer su fachada ondulada, sino el retranqueo de la sección que evita el soleamiento. El elemento base, la imagen repetida es algo casual, casi sin importancia, un objet trouvé, que no tiene carácter trascendente, sino contingente.
Dos edificios de cristal ensuciados por el polvo de la posmodernidad, que mantienen posturas sutilmente diferentes y que son, a su vez, el reflejo del recorrido cultural y vital de cada uno de sus autores.